Manuel Guerra, adjunto a Presidencia de la Autoridad Portuaria de Valencia y socio de honor de RETE,, destaca la evolución que ha habido en la relación puerto- ciudad que ha dejado de ser cosa de arquitectos, ingenieros y urbanistas, para ser un asunto de toda la ciudadanía. Foto Loli Dolz.
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Manuel Guerra Vázquez es en la actualidad adjunto a la Presidencia de la Autoridad Portuaria de Valencia. Su dilatada trayectoria profesional en la entidad portuaria le ha llevado a ocupar cargos de responsabilidad en buena parte de los departamentos de gestión, por lo que conoce a la perfección los detalles de cada engranaje. Pero ha sido precisamente su talante conciliador, sincero y directo el que le ha llevado a ser la persona elegida para abanderar desde hace años las relaciones personales entre el puerto y los diferentes agentes sociales.

Su implicación y bagaje le han llevado a convertirse en un referente por lo que a interacción puerto-ciudad se refiere, un reconocimiento que se ha cristalizado con su recientemente nombramiento como socio de honor de RETE.

¿Qué es la interacción puerto-ciudad?

Es una relación que ha evolucionado tanto físicamente como políticamente. Antes un puerto era un lugar con un grupo de ingenieros que iban diseñando recintos portuarios sin tener en cuenta otros aspectos. Era común llegar a un puerto y encontrar un paredón que lo separaba de la ciudad.

Con la llegada de los ayuntamientos democráticos comenzó una nueva etapa en la que la ciudad quiso recuperar esa relación. Hoy ya existe la convicción de que puerto y ciudad tienen que convivir y para lograrlo hay que hablar y llegar a acuerdos.

¿Por qué interacción?

Porque es una relación recíproca. Hablamos de interacción puerto-ciudad, pero en realidad creo que este es un tema de relaciones entre las personas de la ciudad y las del puerto. Si esa relación es buena, la interacción también lo es.

Hay otra certeza y es que los efectos positivos de un puerto son para todos y los negativos para los más cercanos, por lo que hay que tener una sensibilidad especial y graduarla también en función de esa proximidad.

Se trata de un asunto que va a crecer en importancia, de hecho, en el Marco Estratégico del sistema portuario hay un apartado dedicado a puerto y ciudad.

¿Cómo se articula normativamente toda esta relación?

Nuestro Consejo de Administración tiene una comisión delegada para los asuntos de puerto y ciudad (no debe haber muchas Autoridades que la tengan). La comisión tiene sus propios estatutos y normas de funcionamiento y cuenta con tres comités asesores en Valencia, Sagunto y Gandía, presididos por los alcaldes o alcaldesas de cada ciudad.

Podemos decir que nuestra relación puerto-ciudad está formalizada y depende del Consejo de Administración.

¿Las actuaciones medioambientales están integradas como relación puerto-ciudad?

Efectivamente. Ha cambiado el conjunto. Hace años sólo se contemplaban actuaciones de ordenación de territorio en esta relación, pero esto es mucho más que un cambio de cromos. En la relación con los vecinos también hablamos de ruido, de emisiones, de tráfico…

El Puerto de Valencia ha sido pionero, con el proyecto Ecoport, en el desarrollo de actuaciones de desarrollo sostenible. Todos y cada uno de los pasos que se han dado en este sentido han tenido una incidencia positiva en la ciudad, obviamente.

La relación entre el puerto y la ciudad era una cosa entre arquitectos, ingenieros y urbanistas. Ahora se ha abierto el zoom y es cosa de todos. Por simplificar mucho, antes el puerto cedía terrenos y el Ayuntamiento plantaba árboles, afortunadamente ahora esto ha cambiado y es mucho más.

“Hablamos de interacción puerto-ciudad, pero en realidad creo que este es un tema de relaciones entre las personas de la ciudad y las del puerto. Si esa relación es buena, la interacción también lo es”

Lo más destacado

¿Cuáles cree que son las siguientes actuaciones relevantes en Valencia?

En el comité se está hablando del desarrollo de la energía eólica, por ejemplo. Asimismo, a través de los fondos de accesibilidad, se podría estudiar la posibilidad de prolongar el tranvía hasta la terminal de pasajeros. Pero todo hay que estudiarlo bien: nosotros podemos construir la infraestructura, pero luego hay que ofrecer un servicio adecuado en función de un estudio de demanda de la línea, con unos gastos de explotación asumibles, etc.

¿Qué se está pidiendo actualmente en el comité asesor de Valencia?

Tenemos un convenio muy reciente que recoge gran parte de las demandas. El comité asesor también está revisando ahora la ordenación del tráfico y los accesos a la futura terminal de pasajeros; un proyecto, por cierto, que ha sido diseñado tras el informe elaborado por la cátedra Demetrio Ribes que aconsejaba la conservación de determinados elementos arquitectónicos.

El comité ha diseñado también las actuaciones de interacción en la zona de la ZAL, que ya es irreversible, y que pronto verá la luz.

En este comité también se ha analizado con intensidad el proyecto de la Terminal Norte de Contenedores y su afección sobre el litoral. El Ministerio debe decirnos qué actuaciones tenemos que desarrollar para neutralizar el impacto.

En paralelo, seguimos revisando la necesidad de ejecutar el acceso norte al Puerto y le vamos dando forma a las actuaciones en la zona de Nazaret.

¿Además de su integración en el Marco Estratégico de Puertos, qué cree que falta desde Madrid para que los puertos trabajen mejor la relación puerto-ciudad?

Hay un problema genérico con los planes especiales y es el tratar al puerto como si fuera un trozo de la ciudad. También hay mucha rigidez con cualquier modificación urbanística.

Quizás los planes especiales deberían centrarse en las zonas donde se produzca la interacción entre el puerto y la ciudad. Los espacios estrictamente comerciales necesitan una mayor flexibilidad.

¿Cómo se está trabajando en el mundo la interacción puerto-ciudad?

Se está trabajando mucho en todo el mundo, sí, pero creo que en otros lugares hay menos rigidez administrativa. Nuestro “waterfront” es muy rígido en cuanto a restricciones para determinadas actividades respecto a otras zonas de Europa o del mundo. Me refiero a la creación de hoteles, viviendas, etc. que dan mucha vida a las zonas portuarias.

Por eso es necesario buscar un equilibrio y lograr un consenso para definir los usos adecuados.

¿Qué pesan más las barreras físicas o las culturales y políticas?

Siempre las culturales y las políticas; las otras siempre se pueden eliminar. Además, hay que tener claro que no todos los partidos se pueden ganar por goleada; esto es una negociación que busca el consenso, por lo que no es posible llevar posturas inamovibles.

Nuestro waterfront es muy rígido en cuanto a restricciones para determinadas actividades respecto a otras zonas de Europa o del mundo. Por eso es necesario buscar un equilibrio y lograr un consenso para definir los usos adecuados

Manuel Guerra, adjunto a Presidencia de la Autoridad Portuaria de Valencia y socio de honor de RETE., dialoga sobre los proyectos con Loli Dolz, jefa de Redacción de Comunitat Valenciana de Diario del Puerto. Foto FV.

 

35 años trabajando con la ciudad

 ¿En qué momento el Puerto de Valencia percibió que era necesario trabajar en la interacción puerto-ciudad?

En primer lugar, conviene recordar que todas las actuaciones se han desarrollado a través de convenios con los ayuntamientos respectivos, por lo que han gozado del consenso necesario.
La primera gran operación con la ciudad fue la construcción del Acceso Sur, en 1986. Entre otras cuestiones, este convenio contempló la concesión para la construcción de un parque en Nazaret, un paseo encima de un dique y el inicio de la apertura de la Dársena Interior con la celebración de conciertos y otras actividades.
Posteriormente, en 1997, se proyectó el denominado “Balcón al mar” junto con Generalitat, Ministerio y Ayuntamiento. Entonces (todavía no se sabía nada de la Copa del América o del circuito de la F1), se apostó por el desarrollo para uso ciudadano de la Dársena Interior aprovechando que se iba a eliminar el trazado ferroviario que la rodeaba, así como la valla de protección que aislaba el puerto de la ciudad. Este convenio incorporó un compromiso para favorecer el desarrollo de la ZAL, el acceso ferroviario al puerto y del acceso norte.
En 2013 se firmó otro convenio por el cual el Puerto cedió los terrenos del Balcón al Mar. Finalmente, en 2019 cristalizó el acuerdo para el desarrollo de la zona de Nazaret con el Parque de Desembocadura.

Manuel Guerra, adjunto a Presidencia de la Autoridad Portuaria de Valencia y socio de honor de RETE,, destaca la evolución que ha habido en la relación puerto- ciudad que ha dejado de ser cosa de arquitectos, ingenieros y urbanistas, para ser un asunto de toda la ciudadanía. Foto Loli Dolz.

Tres puertos, tres ciudades, tres interacciones

 

La Autoridad Portuaria también trabaja con las ciudades de Sagunto y Gandia.
Claro, en Gandia, por ejemplo, firmamos un convenio en el año 87, relativo a la Playa de Venecia; en el 96, sobre el uso general del Puerto; y otros tres en 2010, 2012 y 2014.
En Sagunto hemos firmado convenios en 2009, 2018 y 2019.
Nuestra teoría es que en aquellos espacios que no van a ser de uso portuario hacemos lo que quiera el ayuntamiento de cada ciudad. Por ejemplo, en Gandia sacaremos en breve un concurso de ideas para el Muelle Sur.
¿Puede explicar el caso de Sagunto?
En Sagunto tenemos proyectado para uso ciudadano una parte del Muelle Norte, pero cuando las concesiones se acaben y se haya desarrollado la actividad portuaria en la segunda y la tercera dársena. El Ayuntamiento tendrá que decidir qué quiere se haga allí y también tendremos que buscar una solución para el pantalán, proyectado inicialmente como un paseo.
Sin embargo, la DIA que se obtuvo en su día para la tercera dársena ha caducado. Toca revisar el plan estratégico para ver cuáles son las necesidades reales y actuales del recinto portuario y, en consecuencia, revisaremos el convenio con el Ayuntamiento.
¿En qué va a consistir el concurso de ideas de Gandia?
El ex presidente de la APV, Fernando Huet, inició actuaciones en este puerto en 1987 con la zona de la Playa de Venecia. Con la Copa América se definió la DEUP y posteriormente se firmó una modificación con la que el Ayuntamiento urbanizó el Muelle de los Borgia. Ahora es el turno de poner en valor la parte sur.
El nuevo acceso para los camiones ha dejado libre la zona, con una plaza de la Lonja muy vistosa y unos tinglados con muchas posibilidades. El concurso de ideas, que se hará en este semestre, pretende definir la mejor opción para esta parte del puerto.